Verano

Verano en Las Hurdes

En una estantería de casa apareció hace poco una carpeta antigua. Era marrón, sencilla, de esas de plástico rígido que sobreviven a los años. En la portada, un dibujo en blanco: un meandro, de esos que el río dibuja lentamente entre las montañas. Debajo, una frase: "Verano en Hurdes".

Lourdes tendría entonces siete u ocho años. Cada vez que encontraba aquella carpeta sonreía. Era un recuerdo de esos veranos que parecen pequeños cuando se viven y enormes cuando se recuerdan.

 Las mañanas comenzaban con las clases de verano. Después venía el bocadillo, comido deprisa, porque lo importante estaba fuera. Los amigos ya esperaban. El río llamaba desde abajo. Los charcos, las piedras, el agua fría que corría incluso en los días más calurosos.

Las tardes se hacían eternas.

Se jugaba hasta que el sol empezaba a esconderse detrás de las montañas. Las rodillas siempre llevaban alguna costra que parecía no terminar de curarse nunca. Era la prueba de que el verano estaba siendo aprovechado.

También había trabajo. Ayudar en casa. Echar una mano en los huertos. Aprender sin darse cuenta que la vida aquí siempre ha estado ligada a la tierra y al agua.

Y después llegaba la noche.

Quizá sea eso lo que más permanece en la memoria.

Las conversaciones en la calle, los juegos de siempre, el marro, el bote bote y las risas compartidas entre vecinos y amigos. No había prisa por entrar en casa porque el calor desaparecía poco a poco y una brisa fresca descendía desde las montañas.

Todavía hoy ocurre.

En un tiempo en el que los veranos parecen cada vez más largos y más cálidos, sigue sorprendiendo llegar a Las Hurdes y descubrir que al caer la noche apetece ponerse una rebeca. Que dormir con la ventana abierta significa, muchas veces, tener que taparse durante la madrugada.

Quedan los recuerdos, pero también permanecen los sonidos: el agua corriendo por los ríos, el murmullo de los arroyos, el canto de los grillos y el croar de las ranas en las noches de verano. Son sonidos sencillos, cotidianos, casi olvidados en muchos lugares, pero que aquí siguen formando parte de la vida.

Algunas cosas cambian. Otras permanecen.

Quizá por eso nos gusta tanto este lugar.

Porque sigue ofreciendo algo que cada vez resulta más difícil de encontrar: tiempo, frescura, naturaleza y silencio.

Cuando pensamos en LURDE, pensamos también en aquellos veranos. En la infancia de Lourdes. En la vida sencilla de estos pueblos. En las noches frescas que obligan a buscar una manta ligera y en esos sonidos que acompañan el descanso cuando la oscuridad cubre las montañas.

Y nos gusta pensar que quienes nos visiten podrán llevarse algo parecido.

Tal vez no una carpeta guardada durante décadas.

Pero sí un recuerdo que merezca ser conservado.

5 thoughts on “Verano en Las Hurdes

  1. Julio Alberto López González dice:

    Trato estupendo ,instalaciones impecable , entorno divino una buena forma de pasar un fin de semana inolvidable

    1. J. Pablo dice:

      ¡Muchas gracias por vuestra valoración! Nos alegra saber que disfrutasteis del trato, las instalaciones y el entorno. ¡Esperamos volver a veros muy pronto! 😊

  2. Maria Hernandez Domingez dice:

    Muy buen fin de semana emos pasado con los amigos y nuestros hijos, volveremos a repetir sin dudarlo.
    Un trato excelente por parte del anfitrión siempre atento a todo,aconsejando donde ir a comer,las piscinas naturales de la zona,etc
    Apartamentos nuevos muy bonitos,no le faltan detalle, perfecto para desconectar de la rutina.
    Volveremos sin dudarlo!!

  3. Maxi Hernández Gordo dice:

    Fin de semana inolvidable en unos apartamentos insuperables con un trato excepcional .repetiremos sin dudarlo

  4. Belén Gutiérrez dice:

    Una estancia inmejorable, todas las comodidades en un entorno insuperable.

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